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Martes, 19 de marzo de 2013   |  Número 72
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ACTUALIDAD
TAMBIÉN AUMENTA EL PELIGRO DE ICTUS ENTRE DOS Y CINCO VECES
En los hipertensos no tratados se duplica el riesgo de padecer demencia
La ausencia de tratamientos curativos para estas patologías justifica aún más la necesidad de llevar a cabo una prevención efectiva

Redacción. Madrid
La hipertensión arterial no tratada puede provocar importantes daños en el cerebro y parece estar asociada a un mayor riesgo de demencia o deterioro cognitivo leve, un trastorno que se caracteriza por dificultades en el pensamiento y aprendizaje. Tal y como ha explicado Jesús Hernández Gallego, médico adjunto del Servicio de Neurología del Hospital Universitario 12 Octubre de Madrid y profesor de la Universidad Complutense de Madrid durante la 18ª Reunión Nacional de la Sociedad Española de Hipertensión y la Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-Lelha), “tener las cifras de presión arterial elevadas de forma persistente incrementa la aparición de demencia y aumenta entre dos y cinco veces la posibilidad de sufrir un ictus”.

Un estilo de vida saludable y los tratamientos antihipertensivos desarrollados en los últimos años han permitido controlar mejor la enfermedad, disminuir el riesgo de ictus e igualarlo al de la población general. No obstante, todavía es una causa muy importante de accidente cerebrovascular y deterioro cognitivo. “Si podemos prevenir y tratar la hipertensión de manera que se reduzca la posibilidad de padecer demencia, posiblemente disminuya también el número de casos de enfermedad de Alzheimer. La ausencia de tratamientos curativos para estas patologías justifica aún más la necesidad de llevar a cabo una prevención efectiva”, hs subrayado Hernández.

Control presente, prevención futura

La hipertensión daña el cerebro por tres mecanismos distintos. Uno de ellos se basa en que las cifras altas de presión pueden afectar a los pequeños vasos cerebrales, causar más arterioesclerosis y provocar un trombo que produzca un ictus de tipo isquémico. Otro motivo es que la elevación mantenida de la presión arterial en los vasos sanguíneos favorece la aparición de microaneurismas y, como consecuencia, se rompen, sangran y provocan una hemorragia cerebral. El tercer mecanismo es la propia hipertensión, un factor de riesgo para el desarrollo de fibrilación auricular, una arritmia muy frecuente. La fibrilación auricular es culpable de muchas embolias cerebrales, ya que provoca que se desprenda un trombo (o émbolo) del fondo del corazón y vaya al cerebro.

Las personas que controlan su presión arterial en la edad adulta tienen menos riesgo de desarrollar demencia en la vejez. “Diversos trabajos, como el estudio de Framingha, han demostrado que la hipertensión no tratada se asocia directamente a más demencia en ancianos. En nuestro país, el estudio de cohorte poblacional de ancianos Nedices (Neurological Disorders in Central Spain) integrado por más de 5.000 participantes y liderado por Félix Bermejo Pareja, jefe de Servicio de Neurología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, ha puesto de manifiesto que los ancianos hipertensos no tratados desarrollaron más demencia en general y demencia vascular en particular, y estuvieron más próximos a desarrollar alzheimer”, ha comentador Hernández.

La edad es el factor de riesgo más importante de enfermedad cerebrovascular, pero es inalterable. “Ahora bien, hay otros factores de riesgo modificables, como la hipertensión: se ha demostrado que está altamente relacionada con el desarrollo de un ictus o una enfermedad cerebrovascular. La mayoría de personas que ingresan por un ictus son hipertensas”, ha insistido el especialista.

Deterioro cognitivo, demencia y alzheimer

En los últimos años ha crecido el interés sobre el deterioro cognitivo leve, especialmente como una posibilidad de identificación del alzheimer en sus primeras fases y como una diana para el tratamiento y la prevención de esta enfermedad neurodegenerativa. En esta misma línea, al menos entre un cinco y un siete por ciento de las personas de más de 65 años presenta una demencia. Dicha cifra se incrementa de forma progresiva hasta alcanzar un 30 por ciento de las personas a los 80 años de edad y un 50 por ciento por encima de los 90 años.

“El porcentaje de personas hipertensas aumenta de manera drástica a partir de los 60 años, pasando del 25-30 por ciento en adultos al 65-70 por ciento en ancianos. El resultado es una persona jubilada con hipertensión leve persistente no tratada, que desarrolla fallos de memoria que no percibe, pero sí su familia, y que a lo largo de un año inicia además fallos de lenguaje, ejecución motora y rinde menos en conocimiento adquirido. Este tipo de perfiles son los que debemos tratar”, ha señalado Hernández.

Profundizar su estudio

Desde la SEH-Lelha se recomienda en primer lugar tratar la hipertensión correctamente, evitar otros factores de riesgo vascular, hacer ejercicio físico y mental y mantener una actividad social de manera frecuente. “Además, apostamos por la detección de casos mediante evaluaciones neurológicas con screening de deterioro cognitivo. Con la enfermedad de alzheimer ya diagnosticada solo cabe plantear anticolinesterásicos o memantina durante algunos años para tratar los síntomas y, en la parte no farmacológica, se valora positivamente la asistencia a centros de día: los pacientes se fortalecen física y cognitivamente, se evita el aislamiento y se consigue un impacto directo en el estado de ánimo y la depresión, entre otros beneficios”, ha añadido el neurólogo.

La relación entre hipertensión y cerebro apenas se ha estudiado, a diferencia del impacto de la presión en el corazón y el riñón, que es bien conocida. Por este motivo, la SEH-Lelha formó hace unos meses el Grupo de Estudio de Hipertensión y Cerebro (GEHC), coordinado por la doctora Cristina Sierra, del Servicio de Medicina Interna y de la Unidad de Hipertensión y Riesgo Cardiovascular del Hospital Clínic de Barcelona, con el objetivo de profundizar en este importante problema de salud pública.

Por otro lado, “la Sociedad Española de Neurología (SEN) cuenta con unas Recomendaciones Clínicas para Demencia que persiguen establecer unas directrices de actuación homogénea en todos los niveles asistenciales para los profesionales en contacto con este tipo de pacientes. En esta misma línea, muchas comunidades autónomas están instaurando en los hospitales públicos de referencia unidades de ictus y demencias”, ha concluido Hernández.

 

 

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