El Currículum

JAVIER LÓPEZ DEL VAL, RESPONSABLE DE la unidad de TRASTORNOS DEL MOVIMIENTO DEL HOSPITAL CLÍNICO DE ZARAGOZA

“Somos los que nos partimos la cara para convencer de que hay que introducir avances”


Su ilusión es conseguir una federación de enfermos neurológicos porque “sería lo mejor para los pacientes”

Sandra Melgarejo. Madrid
El neurólogo Javier López del Val es el responsable de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza. Aunque su tesis doctoral sobre la meteoropatía y los accidentes vasculares cerebrales ha motivado que, a veces, le confundan “con el hombre del tiempo”, su interés por la semiología clínica le acercó a los pacientes con trastornos del movimiento. No quiere jubilarse sin ver que las asociaciones de enfermos neurológicos crean una federación, pero aunque lleva años recomendándoles que trabajen juntos, lamenta que no confíen en que “la unión hace la fuerza”. López del Val presentará dos libros en la próxima reunión del Grupo de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN), uno sobre enfermedad de Huntington y otro sobre toxina botulínica.

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Javier López del Val.

¿Qué le llevó a especializarse en trastornos del movimiento?

Siempre he tenido vocación de neurólogo general, pero la dinámica de nuestra sociedad nos empuja a trabajar en líneas. Siempre me ha gustado mucho la semiología clínica, explorar a los pacientes y ver las características clínicas que pueden determinar dónde está ubicada la lesión, y los pacientes que semiológicamente te aportan más datos son los que tienen trastornos del movimiento. Este siempre ha sido un reto que tenemos los que nos gustan los trastornos del movimiento. Llevo 20 años dedicándome a estos pacientes, aunque sigo haciendo Neurología general dos días a la semana.

¿Cuáles son las principales líneas de investigación en las que ha trabajado?

Básicamente, en epidemiología de diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Parkinson y en epidemiología y tratamiento de la enfermedad de Huntington. Pero he trabajado más en párkinson porque es lo que más veo y porque, no podemos negarlo, la industria aprieta mucho donde le interesa. También he investigado en disquinesias tardías y en temblor.

Usted también es conocido por sus estudios sobre la percepción de los cambios atmosféricos a través del cuerpo…

Corro el riesgo de que me confundan con el hombre del tiempo, pero mi tesis doctoral estaba basada en la influencia de los cambios atmosféricos, lo que llamamos meteoropatía, en los accidentes vasculares cerebrales. Fue un trabajo que me ocupó dos años de mi vida, pero nos estamos remontando a 1980, ha llovido mucho desde entonces. Lo que pasa es que desde la publicación de la tesis, una o dos veces al año, cuando hace mucho calor o cuando hace mucho frío, la prensa se acuerda de mí y me llama, y periódicamente vuelve a aparecer algo mío en algún sitio.

Hay una gran relación entre los cambios en la humedad atmosférica, la presión atmosférica y la temperatura ambiental con la dilatación y la contracción de las arterias cerebrales y con la mejoría o el empeoramiento del funcionamiento de las glándulas suprarrenales, del tiroides… Todo esto repercute en diferentes efectos, beneficiosos o perjudiciales, para el riego cerebral o para el funcionamiento neuronal. Esto se debe a que, aproximadamente, un tercio de la población barrunta los cambios atmosféricos y ese barrunto, que no es un término pueblerino sino absolutamente científico, indica que los iones del ambiente pueden preceder, incluso en uno o dos días, a la llegada de un nuevo frente atmosférico y las personas especialmente sensibles notan que algo va a pasar porque los iones negativos o positivos entran en su cuerpo.

Javier López del Val se licenció en Medicina y Cirugía con sobresaliente en 1977 y, cinco años después, se especializó en Neurología. Desde entonces, es médico adjunto del Hospital Clínico de Zaragoza y, desde 1986, profesor asociado médico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza. Es miembro del Comité Medico Asesor de Parkinson España, ALDE y ALDA, y secretario general del Seminario Nacional Neurológico de Invierno.
Lleva mucho tiempo recomendando a los pacientes neurológicos que creen una federación, ¿le van haciendo caso?

Soy el asesor de algunas asociaciones de enfermos neurológicos y periódicamente me reúno con ellos para darles información, pero no querría jubilarme sin ver que todas las pequeñas asociaciones de verdad han olvidado sus rencores, sus rencillas o su falta de confianza en que la unión hace la fuerza y crearan una federación nacional de asociaciones de enfermos neurológicos. Por ejemplo, en Aragón tienen un cierto poder la Asociación de Alzheimer y la Asociación de Esclerosis Múltiple. El ayuntamiento y el Gobierno de Aragón reparten las ayudas proporcionalmente a unos y a otros, pero son limitadas.

Si se unieran pacientes con alzheimer, con enfermedades vasculares cerebrales, con esclerosis múltiple, con párkinson, con distonía, y trabajaran todos juntos en una federación de enfermos neurológicos, las ayudas que recibirían de las instituciones serían mucho mayores y la posibilidad de hacer cosas, investigar y tratar a los pacientes sería infinitamente mayor. Pero lo que perciben más parte de la tarta se piensan que si se unen a los pequeños van a percibir menos parte y no hay manera de convencer a las asociaciones de enfermos de que eso no es así, de que tienen todos que trabajar unidos.

He reunido en muchas ocasiones a los responsables de todas las asociaciones de Aragón para hablarles, convencerles y para que una autoridad autonómica les afirme que, efectivamente, si se unieran tendrían más posibilidades, pero cuando parece que todo está bien encaminado, acaban a gorrazos. Mi ilusión, porque sé que sería lo mejor para los pacientes, es conseguir una federación de enfermos neurológicos.

Como coordinador de una unidad de trastornos del movimiento, ¿cree que las autoridades sanitarias y la gerencia de los hospitales son conscientes del valor que tienen este tipo de áreas superespecializadas?

Creo que reconocen que tiene un valor, pero ese reconocimiento tiene un peaje. Los que estamos en la cresta de la ola de la investigación exigimos a nuestros gerentes los nuevos tratamientos, que suelen ser más caros. Entonces, somos los que nos partimos la cara con la gerencia de los hospitales para convencer al gerente o al director médico que hay que introducir los avances. Recuerdo que, hace unos 15 años, cuando presenté por primera vez a los pacientes parkinsonianos de Zaragoza que su enfermedad se operaba y esto se publicó en un periódico local, al día siguiente me llamó el director médico de mi hospital y me dijo que yo no podía hablar a la prensa de “neurofantasías”.

Cada vez que ha habido un avance terapéutico nuevo, el que se tiene que pelear es el neurólogo responsable de la unidad de trastornos del movimiento para conseguir convencer al gerente de que, por ejemplo, la toxina botulínica, que cuando salió era carísima, es una maravilla para los pacientes y que el ahorro en costes, en rehabilitadores y en fisioterapeutas es mucho mayor a lo largo de los años.

Entre 2001 y 2003 fue presidente de la Sociedad Aragonesa de Neurología y coordinador del Grupo de estudios de Trastornos del Movimiento de la SEN. En 2003, también representó a la Sociedad Española de Neurología en el grupo de Enfermedad de Parkinson y otros trastornos del movimiento de la European Federation of Neurological Societes.
Además de la lucha continua por conseguir introducir las novedades, ¿qué otros retos tiene la Neurología en la actualidad?

En el ámbito de los trastornos del movimiento, el mayor reto es conocer cuál es el origen exacto de enfermedades como el párkinson o la enfermedad de Huntington, y cómo conseguir retrasar la evolución de la muerte neuronal. Y, en general, el reto está en conseguir curar enfermedades como el alzheimer. Si uno está al día en investigación, se da cuenta de que el número de publicaciones que aportan cosas nuevas llega a ser tan grande que no da tiempo ni a leerlo, pero que de cara al enfermo se quedan en un “todavía no te podemos curar”.

En la próxima reunión del Grupo de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN) presentará “Enfermedad de Huntington: Claves y respuestas de un desafío singular”. ¿Qué novedades aporta este libro?

La enfermedad de Huntington es apasionante. Tiene una parte neurológica, la de los movimientos involuntarios, y una psiquiátrica con trastornos muy variables. La padece el 50 por ciento de la descendencia del paciente que tiene la enfermedad y el problema es que, los que proceden de familias muy promiscuas y saben que tienen ese estigma, se esconden de los médicos. Cuando vemos a un paciente con Huntington, en seguida le preguntamos por su familia para intentar estudiar a todos e informarles para que no se siga transmitiendo, pero muchísimas veces nos encontramos con muros de piedra, porque entre las propias familias hay problemas causados por la herencia psiquiátrica de la enfermedad.

Es una enfermedad muy bonita para el neurólogo. Hace unos años, pensamos que una mesa redonda sobre enfermedad de Huntington de una reunión ordinaria de la SEN podría plasmarse en un libro, que es el que ha dado origen a este. En el libro actual hemos aprovechado para introducir todas las novedades que hay en el aspecto terapéutico y otros aspectos sobre cirugía, sobre cómo tratar los trastornos psiquiátricos… Creo que en el índice están los mayores expertos en enfermedad de Huntington que hay en este país.

También está a punto de ver la luz el libro “La Toxina Botulinica: Aplicaciones en el siglo XXI”, que dará a conocer en la reunión del 28 de mayo en Madrid.

La toxina botulínica es el mayor veneno que hay en el mundo. Se empezó a utilizar en enfermedades neurológicas en las que hay contracción de los músculos, como la distonía, que fue la primera indicación y la más extendida. De ahí, la extendimos a otras enfermedades como la parálisis cerebral y la espasticidad. Como es un fármaco que se ha desarrollado tanto, pensamos reunir en un solo libro todas las indicaciones de la toxina que se han descrito en el siglo XXI. Dentro de la Neurología, se han incluido otras aplicaciones más raras que se siguen descubriendo, como los dolores de cabeza, las jaquecas, las cefaleas de tensión, el temblor, el dolor muscular…

También invitamos a participar a otros especialistas de otras áreas que la utilizan y la están descubriendo, como los especialistas de digestivo, para enfermedades en las que hay espasmos del esófago, del estómago o del intestino; los urólogos, en las enfermedades en las que hay espasmos o mal funcionamiento de la vejiga o del esfínter; los dermatólogos, para evitar la sudoración excesiva; los oftalmólogos y no podíamos olvidarnos de los cirujanos plásticos.

Al final, Alfonso Castro y yo escribimos otro capítulo sobre aplicaciones raras, en el que hay cosas tan increíbles como el tratamiento de ciáticas, del codo de tenista, del dolor vaginal en el coito… Todo eso aparece en el libro y se refleja lo que están haciendo otros autores del mundo con la toxina botulínica. Con toda seguridad, va a ser un libro de cabecera no sólo para los especialistas que más la utilizan, sino para los médicos generales y otros especialistas que están interesados en la técnica.