Publicaciones científicas

SEMINARIO DE GSK SOBRE EPILEPSIA RESISTENTE A FÁRMACOS EN LA LXII REUNIÓN DE LA SEN

La nueva definición unificada de epilepsia refractaria favorece el estudio de estos pacientes


Los expertos reclaman más unidades especializadas y esperan la llegada de fármacos con mecanismos de acción novedosos

Sandra Melgarejo. Barcelona
Uno de cada cuatro pacientes con epilepsia presenta crisis a pesar del tratamiento farmacológico. En ocasiones, la falta de una definición concreta de la epilepsia resistente a fármacos y de una homogeneización de los procesos asistenciales, produce que existan pacientes a los que no se les aplica el tratamiento idóneo. De hecho, “hasta el 25 por ciento de los pacientes diagnosticados con epilepsia refractaria en realidad no sufren epilepsia, sino que sus síntomas están relacionados con otras patologías”, tal y como ha detallado Juan Carlos Sánchez, neurólogo del Hospital San Cecilio de Granada, durante el seminario ‘Epilepsia resistente a fármacos: definición del problema y búsqueda de solución”, organizado por GlaxoSmithKline (GSK) en el marco de la LXII Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

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Juan Carlos Sánchez.

“Es estrictamente necesario disponer de una definición de epilepsia refractaria porque la dispersión del concepto es enorme. Conceptualizar la epilepsia resistente a fármacos facilitará la búsqueda de factores implicados, la optimización del diagnóstico y el tratamiento, la oferta precoz de soluciones como la cirugía, la uniformidad de criterios de inclusión en los protocolos para desarrollar ensayos clínicos… Las causas que obligan a tener un concepto unívoco de epilepsia refractaria son múltiples”, ha señalado Sánchez.

Recientemente, la International League Against Epilepsy (ILAE) ha definido al paciente con epilepsia resistente a fármacos como aquel en el que no se han controlado las crisis tras el tratamiento adecuado con dos fármacos antiepilépticos tolerados, adecuadamente elegidos y pautados (bien en monoterapia o en combinación), entendiendo como falta de control cuando aparezcan crisis a lo largo de un año o las sufra en un tiempo inferior a tres veces el intervalo entre crisis que mostraba antes de iniciar el tratamiento.

Sánchez considera que esta definición es de gran importancia porque “por fin un organismo internacional de esta envergadura se ha pronunciado en un tema como este, que antes estaba mal definido y carecía de consenso”. No obstante, ha señalado que presenta alguna pega, ya que “no tiene en cuenta los criterios subjetivos del paciente, por lo que las singularidades deben ser consideradas por el médico” y “su relativa complejidad puede hacer que clínicos no familiarizados con la enfermedad puedan tenerle cierta aversión”.

Por otro lado, las principales virtudes de la definición estriban en que “considera al paciente de forma individualizada, es una definición dinámica, permite diagnosticar la resistencia a fármacos de forma rápida y conduce a la homogeneización de todos los especialistas en cuanto a estudios epidemiológicos y estudios clínicos con fármacos”, según el neurólogo. También permitirá conocer con exactitud qué porcentaje de la población epiléptica es resistente a los fármacos, ya que hasta el momento, y según los diferentes conceptos empleados, el porcentaje oscilaba entre el 13 y el 37 por ciento de los pacientes con epilepsia.

Unidades de epilepsia contra la actitud nihilista

Para Sánchez, unificar los criterios de esta enfermedad es de gran utilidad porque “el 60 por ciento de la población epiléptica no es tratada por epileptólogos, sino por neurólogos generales, neuropediatras generales, neurocirujanos o internistas”. “Lo importante es que la ILAE se ha pronunciado sobre esto y va a favorecer el tratamiento adecuado de estos pacientes, que deben ser estudiados en unidades de epilepsia, y el abandono de la actitud nihilista”, ha añadido.

Sin embargo, en nuestro país existe un déficit de estas unidades. Según los ratios recomendados, en España debería haber entre 45 y 50 unidades médicas (una por millón de habitantes) con monitorización vídeo-EEG prolongada, y entre 20 y 25 unidades médico-quirúrgicas (una por dos millones de habitantes). Pero la realidad es bien distinta, ya que “hay nueve unidades quirúrgicas y alrededor de 15 con monitorización prolongada, claramente menos de lo que se necesita”, ha lamentado Sánchez.

Nuevas estrategias terapéuticas

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Mar Carreño.

Por su parte, Mar Carreño, responsable de la Unidad de Epilepsia del Servicio de Neurología del Hospital Clínic de Barcelona, ha hablado sobre las nuevas estrategias para tratar la epilepsia resistente a fármacos. Con respecto a las alternativas no farmacológicas, Carreño ha destacado la cirugía de la epilepsia y ha comentado que, cuando un paciente presenta epilepsia resistente a fármacos, “debe ser evaluado en una unidad de epilepsia con experiencia en cirugía, para comprobar si es candidato quirúrgico y los riesgos concretos asociados a dicha cirugía en su caso particular”.

Si el paciente no es un buen candidato quirúrgico, se pueden probar secuencialmente otros fármacos antiepilépticos, “ya que un porcentaje significativo de pacientes puede alcanzar remisiones con nuevas medicinas”, ha afirmado”. La neuróloga ha advertido de que “es importante que en estos pacientes que reciben varios fármacos antiepilépticos se utilicen combinaciones apropiadas para aumentar la efectividad y minimizar los efectos adversos”.

Asimismo, ha adelantado que, en un futuro próximo, saldrán al mercado varios fármacos antiepilépticos con mecanismos de acción novedosos, como remacemida (antagonista del receptor NMDA), talampanel (antagonista del receptor AMPA) o retigabina (actúa sobre los canales de potasio neuronales dependientes del voltaje). “Esperamos que combinar fármacos con diferentes mecanismos de acción pueda ayudar a aumentar la eficacia del tratamiento en pacientes con epilepsia resistente”, ha señalado Carreño.