En Primera Persona

JAIME MASJUAN, COORDINADOR DEL GRUPO DE ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES, Y PABLO MARTÍNEZ-LAGE, COORDINADOR DEL GRUPO DE CONDUCTA Y DEMENCIAS

Se abren nuevas opciones terapéuticas en ictus y enfermedad de Alzheimer


Los últimos anticoagulantes mejoran la prevención del ictus y novedosas hipótesis relacionan patología vascular y demencia

Sandra Melgarejo. Barcelona
Más de 2.000 neurólogos y otros especialistas afines han asistido a la LXII Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que se ha celebrado en Barcelona del 16 al 20 de noviembre, un encuentro en el que, por primera vez, se han presentado más de 1.000 comunicaciones. “La participación ha sido masiva y se han organizado muchas acciones científicas, lo que dice mucho de la riqueza de la Neurología Española”, ha comentado Jorge Matías-Guiu, presidente de la Comisión Nacional de Neurología y vicepresidente de la SEN.

Los diferentes Grupos de Estudio de la SEN han celebrado sus propias reuniones para llevar a cabo un análisis y actualización de los conocimientos. En esta edición, han destacado las conclusiones de dos grupos: el Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares, que se ha centrado en los nuevos fármacos para el manejo del ictus cardioembólico y la necesidad de introducir mejoras en la atención al ictus; y el Grupo de Estudio de Conducta y Demencias, que ha presentado nuevas hipótesis sobre las causas de la enfermedad de Alzheimer.

JPEG - 65.4 KB
Jaime Masjuan.

Jaime Masjuan, coordinador del Grupo de Enfermedades Cerebrovasculares, ha explicado que los nuevos fármacos para el manejo del ictus cardioembólico suponen un “importante avance” en la prevención primaria y secundaria del ictus. “Son más eficaces y seguros, ya que no necesitan un control analítico periódico, por lo que se reduce la variabilidad con respecto a los anteriores, que no eran eficaces en el 40 por ciento de los casos por su dificultad de control y era necesario realizar seguimientos periódicos para modificar la dosis”, ha detallado. Masjuan ha añadido que “el tratamiento neurointervencionista en el ictus es cada vez más eficaz en pacientes en los que fracasa el tratamiento intravenoso”.

Así, durante la reunión, se ha puesto de manifiesto la necesidad de introducir mejoras en los sistemas organizativos de atención al ictus agudo. Según Masjuan, esto requeriría una actualización del Plan de Atención Sanitaria del Ictus; la creación de una red de hospitales de ictus, con un centro por comunidad autónoma o por cada 1.000 ictus tratados; la implantación de guardias de intervencionismo neurovascular las 24 horas los 365 días al año, “sólo hay seis, cuando lo recomendable sería que hubiera, por lo menos, 25”; y ampliar los recursos de la telemedicina en algunas zonas, para fortalecer así la red teleictus. Además, el grupo ha analizado el desarrollo de las unidades de ictus, un aspecto en el que existen “grandes diferencias por autonomías y un número, 40, claramente insuficiente”.

Aunque los nuevos fármacos anticoagulantes son más seguros y eficaces que los anteriores, el coordinador del Grupo de Enfermedades Cerebrovasculares ha recordado que “es fundamental concienciar a la población, al personal sanitario y a las autoridades sanitarias de la importancia de la aplicación del tratamiento anticoagulante, dada su gran eficacia en la prevención del ictus. El progresivo envejecimiento de la población y la creciente incidencia de problemas cardiovasculares son factores que influirán en el incremento del número de pacientes con ictus en los próximos años”.

Nuevas hipótesis sobre las causas del alzheimer

La nueva hipótesis que baraja el Grupo de Conducta y Demencias formula que, además de la base degenerativa, existe patología vascular implicada en la enfermedad de Alzheimer, lo que abre nuevas posibilidades terapéuticas. “En el cerebro de las personas con demencia, lo más frecuente es encontrar una combinación de enfermedad de Alzheimer y enfermedad cerebrovascular. Puede ser pura coincidencia, porque la enfermedad cerebrovascular es muy frecuente en la tercera edad, o bien que una sea causa de la otra o viceversa”, ha señalado Pablo Martínez-Lage, coordinador del grupo.

JPEG - 69.6 KB
Pablo Martínez-Lage.

“Lo importante, en cualquier caso, es saber si una persona tiene demencia porque los dos factores están juntos. De ser así, el tratamiento debería dirigirse a los dos y, en enfermedad cerebrovascular, ese tratamiento es más planteable, incluso la prevención”, ha indicado. En este sentido, y dado que existen datos acerca de que los factores de riesgo cardiovascular también lo son para el alzheimer, Martínez-Lage ha comentado que “el primer paso para la prevención de la demencia en las personas mayores sería cuidar los factores de riesgo cardiovascular, pero se tiene que hacer a los 40 o 50 años, no cuando la persona ya ha empezado a demenciarse”.

Por otro lado, el experto ha destacado que conocer los mecanismos de eliminación de la proteína amiloide para impedir que entre al cerebro “va a dar pie a nuevos tratamientos”. No obstante, ha planteado que “cualquier tratamiento nuevo para la enfermedad de Alzheimer, si no se aplica en los primeros síntomas o antes incluso, no sirve”. Así, Martínez-Lage ha afirmado que se ha producido un cambio conceptual importante en el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. “Hasta ahora, sólo se diagnosticaba cuando la persona tenía demencia. El cambio conceptual es que se puede plantear el diagnóstico antes de que se produzca la demencia, cuando las personas empiezan a tener fallos de memoria. Ahora disponemos de marcadores y pruebas diagnósticas fiables que detectan la amiloide en el cerebro”, ha explicado.

No obstante, el coordinador del Grupo de Conducta y Demencias ha señalado que “queda por dar un salto: conocer la historia natural de la enfermedad de Alzheimer, para entender cómo personas sin síntomas pueden tener marcadores positivos”. “Lo que tenemos que saber es si esas personas realmente van a desarrollar una demencia o no. Esto nos obliga a probar los medicamentos disponibles, incluso los que han fallado, en esas fases precoces y hacer nuevos ensayos en personas con enfermedad de alzheimer prodrómica, porque podríamos modificar el curso de la enfermedad”, ha añadido.