Publicaciones científicas

‘Journal of Neuropathology & Experimental Neurology’

Se identifican por primera vez 39 proteínas implicadas en el ictus isquémico


Se trata del primer análisis proteómico llevado a cabo con muestras de cerebros humanos

Redacción. Barcelona
Un equipo de investigadores del Grupo de Investigación Enfermedades Neurovasculares del Instituto de Investigación Vall d’Hebron (VHIR), liderado por Joan Montaner, ha elaborado, por primera vez, un estudio proteómico con muestras humanas para detectar las variaciones que se producen en las proteínas de las personas afectadas por ictus isquémico.

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Joan Montaner.

La investigación ‘The proteome of human brain after ischemic stroke’, publicada en la revista Journal of Neuropathology & Experimental Neurology, ha identificado 39 proteínas implicadas en el proceso del infarto cerebral o ictus isquémico. Algunas corroboran hallazgos previos en modelos animales, otras se confirman por primera aunque eran esperables y otras suponen nuevos retos ya que todavía no se han identificado.

Este estudio supone un punto de inflexión en la búsqueda de proteínas implicadas en el infarto cerebral ya que, por primera vez, se describen en el ser humano. Todos los estudios previos que han identificado proteínas expresadas de forma diferencial en tejido cerebral infartado comparado con tejido sano se habían realizado sobre modelos animales.

La investigación ha analizado las muestras con técnicas masivas sobre todo el mapa de proteínas presente en un infarto cerebral y se ha realizado en colaboración con el laboratorio de proteómica del VHIR liderado por Francesc Canals. Este mapa de proteínas, realizado con una técnica que las hace aparecer marcadas con fluorescencia, permite ver y comparar las modificaciones de expresión de las proteínas presentes en tejido infartado de manera contrastada con las que se encuentran en muestras sanas y, de este modo, se puede saber qué pasa después de sufrir un ictus.

Gracias a los resultados del estudio se ha podido establecer una lista de 39 proteínas que podrían resultar potenciales marcadores a nivel de diagnóstico, terapéutico o que permitirían predecir la evolución de la enfermedad.

“Los hallazgos que hemos obtenido son importantes porque en gran parte nos confirman, en muestras humanas, lo que ya habíamos descubierto -nosotros mismos u otros grupos de investigación- en modelos animales”, puntualiza Joan Montaner, responsable de este estudio y del grupo de Investigación Enfermedades Neurovasculares del VHIR.

Los resultados confirman algunos hallazgos previos y, de este modo, dan apoyo y coherencia a las proteínas descritas hasta ahora. Las proteínas que se han relacionado ahora con el infarto cerebral son proteínas implicadas en procesos relacionados con la inmunidad, con el transporte vesicular, con la estructura celular y la cadena respiratoria, propias del tejido hipóxico en situaciones de degradación celular, y proteínas de la familia del crecimiento y tráfico de los axones, que serían como las colas de crecimiento y establecimiento de conexiones de las neuronas.

“Todos los trabajos tienen coherencia con trabajos previos, sobre todo si se tiene en cuenta que, en el infarto. hay una situación de muerte celular y de intento de reparación del tejido”, explica Montaner. “Una de las proteínas que hemos encontrado y que ya conocíamos es la DRP2 que cumple la función de marcar el camino a aquellos axones que reparan conexiones”, destaca. Esta proteína DRP2 tendría una función similar a las hormigas exploradoras ya que buscan el camino a seguir por las neuronas. “Tras confirmarse la presencia en humanos de proteínas ampliamente estudiadas, tenemos mucho trabajo hecho”, añade Montaner.

Los resultados abren un campo de estudio inmenso, ya que ahora será necesario establecer qué proteínas serán realmente claves y cuáles tendrán menor importancia. “El estudio ya apunta a ciertas pistas sobre cuáles resultarán proteínas de primera división y cuáles jugarán en regional”, indica Montaner.

El siguiente paso es establecer cuáles de estas proteínas realmente pueden convertirse en marcadores y, un paso más allá, convertirse en marcadores que se puedan hallar en sangre periférica, es decir, haciendo una analítica. Cuando una persona padece unos síntomas neurológicos que pueden hacer pensar en un ictus, se necesita poder hacer un diagnóstico diferencial y saber realmente si se trata de un ictus y no de alguna otra enfermedad con sintomatología similar.

Como en el caso del ictus, el tiempo es oro, tener un marcador que sólo con una analítica pueda ayudar a este diagnóstico sería muy útil. A parte de marcadores diagnósticos, algunas de las proteínas ya apuntan a que podrían tratarse de candidatas a dianas terapéuticas, sobre todo aquéllas implicadas en vías de reparación neuronal, pues podrían contribuir a la reducción de la lesión permanente después de un infarto.

El grupo de investigadores de la unidad de Enfermedades Neurovasculares del VHIR es pionero en aportaciones críticas en la fisiopatología del ictus y en aportaciones con gran repercusión tanto desde la perspectiva del punto de partida de nuevos estudios como en la práctica clínica. En el año 2007, por ejemplo, ya demostró la eficacia de las estatinas en la mejoría de la evolución de los pacientes que han sufrido un ictus.